Allen y ‘Manhattan’: 30 años de desamores
“Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba. Tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Nueva York era su ciudad y siempre lo sería”
Manhattan, Woody Allen

Al poco de conquistar la crítica sólo dos años antes con ‘Annie Hall’, Woody Allen nos ofreció una nueva obra maestra; para muchos, la obra maestra del director neoyorquino. La película se estrenó el 25 de abril de 1979, este año se van a cumplir 30 años de ello. ‘Manhattan‘, retrato deliberado en blanco y negro de la ciudad de los rascacielos, presenta todas las obsesiones que trufan la filmografía de Allen. Muchos han sido los directores que eligieron Manhattan como escenario para sus historias, pero ninguno de ellos ha logrado jamás retratar este distrito neoyorquino como lo hizo Allen en ‘Manhattan’, una auténtica carta de amor a la ciudad.
Su propio personaje en la película define la ciudad como “una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea”. En efecto, Allen describe a través de sus personajes a una sociedad posmoderna y falta de valores, crítica que complementa con las más bellas estampas que se han tomado de Central Park, Brooklyn o el MoMA.
La película cuenta la historia de Isaac Davis (Woody Allen), un escritor frustrado en medio del difícil divorcio de su mujer Jill (Meryl Streep) y que mantiene una relación con una menor de edad. Al mismo tiempo, Allen se enamora de Mary (Diane Keaton), la amante de su mejor amigo. Todo un collage de relaciones cruzadas, encuentros y desencuentros, amores y desamores que se entrelazan en una historia plagada de personajes neuróticos, irónicos, divertidos.
En definitiva, Allen abandona las comedias delirantes del comienzo de su carrera y alcanza cotas insospechadas en un metraje eterno, legendario, en el que el jazz, Nueva York y unos ácidos diálogos se funden en un aterciopelado blanco y negro. El director neoyorquino convirtió Manhattan en un icono cinematográfico, en un personaje más de la función. Porque, a fin de cuentas, ¿quién no recuerda la imagen de Keaton y Allen sentados en un banco, ése que buscan legiones de turistas cuando visitan Nueva York, mientras contemplan el anochecer bajo el puente de Brooklyn?
Primera escena de ‘Manhattan’

medio de la II Guerra Mundial, todo ello protagonizado por Brad Pitt. Así las cosas, qué mejor momento para recordar los estándares de producción del director de Knoxville, un director polifacético que se caracteriza por el uso de violencia gratuita, una estética retro y canalla, un gran dominio del tiempo de la narración, el original uso de la música y, por encima de todo, unos diálogos chispeantes.

suspense desde la primera frase: “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”.

encuentros pasionales con mujeres extrañas, un amor que con frecuencia termina en tragedia.



que a veces las apariencias engañan. Además, nos bebimos a sorbos tu 
de diálogos memorables, de situaciones aterradoras que nos hacen reflexionar hasta la extenuación. Resulta curioso, pero no falta quien resta méritos a este Premio Nobel dada su ideología comunista; de hecho, no faltará quien vea en ‘Ensayo sobre la ceguera’ una parábola del comunismo, pues la obra también relata la historia del guía que, capaz de ver, muestra el camino correcto a la masa ciega.
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