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Archive for 26 abril 2009

Allen y ‘Manhattan’: 30 años de desamores

abril 26, 2009 Deja un comentario

“Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba. Tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Nueva York era su ciudad y siempre lo sería”

Manhattan, Woody Allen

Al poco de conquistar la crítica sólo dos años antes con ‘Annie Hall’, Woody Allen nos ofreció una nueva obra maestra; para muchos, la obra maestra del director neoyorquino. La película se estrenó el 25 de abril de 1979, este año se van a cumplir 30 años de ello. ‘Manhattan‘, retrato deliberado en blanco y negro de la ciudad de los rascacielos, presenta todas las obsesiones que trufan la filmografía de Allen. Muchos han sido los directores que eligieron Manhattan como escenario para sus historias, pero ninguno de ellos ha logrado jamás retratar este distrito neoyorquino como lo hizo Allen en ‘Manhattan’, una auténtica carta de amor a la ciudad.

Su propio personaje en la película define la ciudad como “una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea”. En efecto, Allen describe a través de sus personajes a una sociedad posmoderna y falta de valores, crítica que complementa con las más bellas estampas que se han tomado de Central Park, Brooklyn o el MoMA.

La película cuenta la historia de Isaac Davis (Woody Allen), un escritor frustrado en medio del difícil divorcio de su mujer Jill (Meryl Streep) y que mantiene una relación con una menor de edad. Al mismo tiempo, Allen se enamora de Mary (Diane Keaton), la amante de su mejor amigo. Todo un collage de relaciones cruzadas,  encuentros y desencuentros, amores y desamores que se entrelazan en una historia plagada de personajes neuróticos, irónicos, divertidos.

En definitiva, Allen abandona las comedias delirantes del comienzo de su carrera y alcanza cotas insospechadas en un metraje eterno, legendario, en el que el jazz, Nueva York y unos ácidos diálogos se funden en un aterciopelado blanco y negro. El director neoyorquino convirtió Manhattan en un icono cinematográfico, en un personaje más de la función. Porque, a fin de cuentas, ¿quién no recuerda la imagen de Keaton y Allen sentados en un banco, ése que buscan legiones de turistas cuando visitan Nueva York, mientras contemplan el anochecer bajo el puente de Brooklyn?

Primera escena de ‘Manhattan’

Tarantino, el hijo bastardo del cine

abril 23, 2009 Deja un comentario

“Verdaderamente pienso que una de mis fortalezas es el relato de historias”

Quentin Tarantino

Cómo olvidar el inesperado disparo a Marvin o la célebre frase “soy el Sr. Lobo, soluciono problemas”, pasando por el extravagante baile entre un gordo John Travolta y una guapa y drogadicta Uma Thurman. Es imposible, son situaciones y palabras grabadas a fuego en el orbe cultural colectivo. Estoy hablando, por supuesto, de ‘Pulp Fiction’, una obra tan denostada como encumbrada que convirtió a Tarantino en un director de culto. Quentin rompe la linealidad espacio-temporal en un metraje pleno de violencia gratuita y diálogos para el recuerdo, lo que convierte a ‘Pulp Fiction’ en una obra cumbre de la cultura pop contemporánea.

Tarantino puso el listón tan alto que, desde entonces, una legión de seguidores esperan sus películas como agua de mayo, como la promesa de una palabra perdida en el viento. Tal es el caso de ‘Malditos bastardos’, un proyecto varias veces pospuesto que promete mucha sangre en medio de la II Guerra Mundial, todo ello protagonizado por Brad Pitt. Así las cosas, qué mejor momento para recordar los estándares de producción del director de Knoxville, un director polifacético que se caracteriza por el uso de violencia gratuita, una estética retro y canalla, un gran dominio del tiempo de la narración, el original uso de la música y, por encima de todo, unos diálogos chispeantes.

Tarantino se relacionó con el cine desde muy temprana edad: las películas de artes marciales y las de serie B y Z, las series televisivas, los cómics, las revistas pulp y la música hicieron de él un animal pop casi excesivamente genuino. En efecto, Tarantino cuenta con una base cinematográfica tan fuerte como variada que, si bien no proviene de ninguna escuela de cine, la obtuvo del visionado directo de películas que le influyeron notablemente. Por tanto, podríamos afirmar que Tarantino es un cineasta autodidacta, lo que en cierto modo le convierte en un hijo bastardo del cine clásico y en el hijo pródigo del cine de barrio de los años 70.

Actor mediocre y productor original, Tarantino cuenta con una estética underground y canallesca reconocible desde el primer fotograma. Gran guionista y mejor aún dialoguista, pocos tienen en cuenta la cualidad que atesora de ser un director muy identificable y, cuanto menos, cumplidor.

Tarantino se atreve con temas tabú para la sociedad americana, tales como las drogas y la violencia, al tiempo que repite una serie de constantes a lo largo de sus metrajes que le hacen tan reconocible como masoquista, tales como los planos desde dentro de un maletero, su fetichismo por los pies y la aparición de mecheros zippo o de su marca de tabaco ‘Red apple’. En definitiva, Quentin crea microcosmos propios que impactan al espectador; es más, su figura ha dado lugar al adjetivo tarantiniano, una palabra que trasciende lo meramente cinematográfico.

Su principal enemigo es la crítica más carca y conservadora de la industria, pero es innegable que Tarantino es un director tan intranquilo como turbador; procura reinventarse a sí mismo en cada uno de sus trabajos, lo que la mayoría de veces le acarrea críticas en parte justificadas. Lo cierto es que el eterno director de ‘Reservoir dogs’ siempre trata de dar una nueva vuelta de tuerca a su filmografía, afrontando retos que otros no se atreverían. Por todo ello, un servidor espera ‘Malditos bastardos’ como agua de mayo -o de agosto-, una nueva palabra en el aire o la última trampa tarantiniana.

Extenso reportaje sobre la filmografía de Tarantino

Trailer de ‘Malditos bastardos’

El engranaje perfecto de Gabo

abril 18, 2009 Deja un comentario

“No hay ni una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real”

Gabriel García Márquez

En el año 1970 García Márquez anunciaba en una entrevista que no escribiría más novelas, sino que se dedicaría a escribir cuentos y reportajes novelados. Y precisamente como reportaje novelado está concebida la celebérrima ‘Crónica de una muerte anunciada’, novela publicada en 1981, sólo un año antes de que el genio colombiano recibiera el Nobel. ‘Crónica…’ tal vez sea la obra más “realista” de García Márquez, ya que tiene su origen en un hecho histórico acaecido en su tierra natal durante su infancia. Así pues, la obra requirió un largo proceso de maduración: nada menos que 30 años.

Varias trabas dilataron la producción de la novela. Como hemos dicho, el tema central de la obra es real: el crimen sobre el que gira toda la trama tuvo lugar en 1951 y, al estar su familia relacionada con el mismo, prefirió no involucrarla hasta pasado un tiempo prudencial. Gabo también hizo frente a trabas de índole literaria que no se solventaron hasta que encontró el enfoque narrativo-técnico más adecuado.

En efecto, cuando empieza la novela Santiago Nasar ya está muerto, pues sabemos que los hermanos Vicario le van a matar para vengar el honor ultrajado de su hermana Ángela. Por tanto, el eje sobre el que pivota la obra es la muerte del protagonista, muerte despojada de todo suspense desde la primera frase: “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”.

Los cuatro capítulos restantos completan el crimen desde distintos puntos de vista, a modo de crónica periodística llevada a cabo 27 años después del asesinato por un narrador omnisciente antaño amigo del muerto: Gabriel García Márquez. Triunfa de este modo la estructura de crónica que Márquez aprendió durante sus años de labor periodística, una crónica que en este caso se convierte en un juego de espejos donde el narrador pasa alternativamente de reportero a personaje de la tragedia. Se podría decir que ‘Crónica…’ es una suerte de novela policíaca en donde el mayor mérito de Márquez reside en mantener en vilo al lector a pesar de que éste conozca el final de la historia.

En una primera aproximación la novela puede llevar a confusión por sus divergencias con las anteriores obras del autor colombiano. Sin embargo, si buceamos en el alma de ‘Crónica…’ vislumbramos sin dificultad las constantes vitales que laten en la producción de Márquez. Tal es el caso de la muerte, tema que aparece hasta en el título del libro. A Santiago Nasar, feliz, inconsciente y tal vez inocente de toda culpa, le persigue la muerte; paradójicamente, sólo en el quinto capítulo tendrá conocimiento de ello. Es el lector quien se siente hasta cierto punto agobiado por la inminencia de la muerte.

De este modo, Márquez denuncia con fuerza la violencia que los hermanos Vicario se ven obligados a ejercer para vengar el honor mancillado de su hermana, quien supuestamente había sido desvirgada por Santiago Nasar. Se critica de igual modo el papel subordinado de la mujer y, en general, a la sociedad machista iberoamericana, machismo al que las propias mujeres contribuyen con sus actos, pues son ellas quienes imponen hasta cierto punto a los hermanos Vicario su actuación violenta.

Pero el tema estrella de ‘Crónica…’ es la fatalidad. Resulta curioso el afán con que los hermanos Vicario anuncian a diestro y siniestro sus intenciones de matar a Nasar, pues en su fuero interno no quieren hacerlo. Pero la fatalidad lo impide; era su destino. Todo el pueblo sabe que van a matarlo y, en verdad, nadie lo desea, pero una serie de circunstancias increíbles favorecerán la ejecución del crimen. Uno de estos acicates es la soledad de sus personajes, encarnada ésta en la madre del muerto, Plácida Linero. Es la soledad y la falta de comunicación entre los personajes -tema por antonomasia en la obra de Márquez- la que conduce a la muerte sin remisión en una analogía preciosa.

La novela está empedrada además de multitud de elementos comunes a la narrativa del colombiano, como son el valor premonitorio de los sueños, los presagios funestos, las fiestas excesivas que ya aparecían en ‘El otoño del patriarca’, etc. Además, el tiempo cíclico, tan recurrente en la obra de Márquez, aparece en este caso descompuesto en cada uno de sus momentos para ser posteriormente compuesto en un engranaje perfecto, en una obra de orfebrería digna de un maestro de la literatura.

En efecto, al inicio de la novela ya sabemos que Santiago Nasar va a morir -de hecho, ya ha muerto-; sin embargo, el libro terminará en el preciso instante en que Nasar es asesinado. Es ese tiempo cíclico el que dota a la obra de una complejidad sin precedentes: la coexistencia de varios planos temporales -pasado, futuro y presente- y la relación entre precisión y vaguedad hacen que el tiempo fluya de forma alineal, circular y caótica, con constantes retrocesos, anticipaciones, elipsis…

García Márquez parecía haber tocado fondo como novelista, pero con ‘Crónica…’ nos brindó otra nueva joya que le valió, sólo un año más tarde, la concesión del Nobel de Literatura más merecido. Márquez logra un nuevo cauce expresivo y literario, una nueva forma de captar la realidad y la sociedad iberoamericana, todo ello en una obra inmortal, tan inmortal como el resto de su obra, pues es más que probable que estemos hablando del mejor novelista en castellano del siglo XX.

García Márquez habla sobre ‘Crónica de una muerte anunciada’

Los acordes de Murakami

abril 14, 2009 3 comentarios

“Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él”

Haruki Murakami

Se ha convertido en un fenómeno global de nuestro tiempo. Algo contradictorio, pues Haruki Murakami tiene fobia a la exposición pública; en su país, por ejemplo, ni siquiera aparece en radio y televisión. Apenas si concede entrevistas. Abanderado de la cultura pop, posmoderno, misterioso, sobre todo surrealista, Murakami es único. Se trata del gran escritor nipón del nuevo siglo. Su figura es indisoluble de gatos, jazz, béisbol y maratones.

La influencia de Murakami no tiene límites; ha inspirado a escritores y cineastas del mundo entero. Tal es el caso de Sofía Coppola y ‘Lost in Traslation’, Alejandro González Iñárritu y ‘Babel’ o la reciente ‘Map of sounds of Tokyo’ de Isabel Coixet. Sin embargo, el autor de ‘After Dark’ divide a la crítica de su país entre quienes le consideran un clásico de nuestro tiempo y quienes opinan que no es más que un escritor occidentalizado y prefieren a clásicos como Mishima, el gran odiado de Murakami. El mismo autor está dividido con respecto a su patria: “Antes quería ser un escritor expatriado. Pero soy un escritor japonés”.

Puede que en un principio el lector occidental se acerque a su obra pensando que se va a encontrar con un exotismo japonés exacerbado, pero nada más lejos de la realidad. Murakami habla de la vida, las dificultades de afrontar el viaje que lleva de la adolescencia a la madurez, la soledad, la sensación de pérdida, la muerte, el amor, el desamor, el sexo… Pero los temas más recurrentes del autor nipón son la soledad y el amor, revelado éste último en encuentros pasionales con mujeres extrañas, un amor que con frecuencia termina en tragedia.

Murakami empezó a escribir a la tardía edad de 30 años. Al principio escribía por satisfacción personal, para su reducido círculo de amigos, pero con el tiempo ha ido tomando el mundo. A Murakami le encanta correr; empezó a los 33 años para perder peso y al año ya corría la maratón. Ha traducido al japonés a John Irving, Salinger o Scott Fitzgerald; de ahí que sus citas, al margen de lo gastronómico, sean occidentales en su mayoría, a pesar de que sus padres eran profesores de literatura clásica japonesa.

Murakami se lo debe casi todo a la música y a su colección de 7000 vinilos de jazz, clásicos y pop. En sus años mozos regentó un club de jazz e inauguró la tendencia de titular las obras con nombres de canciones: los Beatles, los Beach Boys o Beethoven empedran sus libros. Los más sorprendente de todo es que escribe a ritmo de jazz: “Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él”.

Entre lo mundano y lo fantástico, Murakami nos brinda un realismo mágico a la japonesa que no deja indiferente a nadie, si bien al principio optó por un realismo sin tapujos. Los jóvenes de su país le idolatran, máxime después de ‘Norwegian wood’ (‘Tokio blues’ en España), especie de ‘El guardián entre el centeno’ a la japonesa, aunque Haruki huye de comparaciones y considera la obra un mero experimento.

Amante de los gatos -animal muy recurrente en su obra que aparece generalmente cuando va a suceder algo importante- y de la serie ‘Lost’, el gran escritor japonés del siglo XXI ya suena para el Nobel. Le pese a quien le pese, el autor de ‘Kafka en la orilla’ es ya un clásico contemporáneo cuyos libros son esperados por legiones de seguidores de los cinco continentes que comparten su onírica visión de la vida y de la muerte, el desamor y la soledad.

Murakami y la música

La verdadera lista de Schindler

abril 9, 2009 1 comentario

“Quien salva una vida, salva al mundo entero”

La lista de Schindler, Talmud

Han encontrado la verdadera lista de Oskar Schindler. El documento se encontraba escondido en una biblioteca de Sidney (Australia), entre las notas de trabajo del escritor Thomas Kenneally, autor de ‘Schinler’s ark’, obra que más tarde daría origen al film de Spielberg. Son 13 frágiles hojas de papel amarillento que contienen los nombres de 801 judíos con sus respectivas nacionalidades.

La lista fue mecanografiada a toda prisa el 18 de abril de 1945, en el estertor de la Segunda Guerra Mundial. Schindler, poderoso industrial de origen checo con carnet del Partido Nazi, dirigía una fábrica en Cracovia (Polonia), donde empleaba a trabajadores judíos. Horrorizado por los crímenes nazis, persuadió a los alemanes de que sus trabajadores eran esenciales en el devenir de la guerra y que, por tanto, no debían ser enviados a los campos de exterminio.

Considerado por algunos biógrafos un oportunista del momento, lo cierto es que el gobierno judío y otros organismos avalan a Schindler como un salvador de judíos. Pero quizás no estaríamos hablando sobre este tema de no ser por la película de Steven Spielberg. Ahí quiero ir a parar, pues fue la visión de Spielberg la que magnificó la figura de Oskar Schindler. Aprovechando la ocasión revisioné el metraje de este rey Midas de la industria cinematográfica, un director de ascendencia judía.

Spielberg pone al servicio del cine toda su sabiduría y el resultado no puede ser mejor: ‘La lista de Schinler’ es para mí la cima de su cine, una cinta emocionante, necesaria, extraordinaria, genial. Una obra maestra difícil de definir con palabras que te conduce sin aspavientos hacia un llanto irrevocable, estentóreo, sincero. Mucho tiene que ver en ello la genial banda sonora de John Williams. Lo siento, pero tengo debilidad por esta cinta: para mí es sin duda la mejor película que se ha hecho sobre el Holocausto y la barbarie nazi. A su lado palidecen obras como ‘El pianista’, convertidas en burdas imitaciones a color.

La verdadera lista de Schindler, hallada en Sidney

La verdadera lista de Schindler, hallada en Sidney

Vuelve a mi retina la escena en que Schindler va dando nombres y su contable, el judío Itzhak Stern, mecanografía la célebre lista. Son los detalles los que hacen de esta película algo superior al resto: la familia que se traga sus joyas dentro de una molla de pan, el niño que se esconde en las letrinas, Goeth matando judíos desde su balcón por mero entretenimiento, las mujeres que creen que van a ser gaseadas y finalmente no lo son y, por supuesto, la niña del abrigo rojo.

La analogía del abrigo rojo no puede ser más hermosa: la niña del abrigo pasa inadvertida ante las atrocidades del ghetto porque el rojo de su abrigo es demasiado evidente en medio de tan horrible escena. Según Spielberg, el Holocausto era una enorme mancha roja de sangre escandalosamente evidente, pero nadie hizo nada por evitarlo a tiempo. Tanto es así que finalmente la niña aparece muerta. Es esa niña la que, en cierto modo, hace cambiar la postura de Schindler de empresario oportunista a salvador.

Pero hay muchas más escenas para el recuerdo; estamos hablando de una obra total. No tiene desperdicio la conversación entre Schindler y el oficial de las SS Amon Goeth, interpretado por Ralph Fiennes, en la que el industrial alemán comparte su idea de justicia y poder: “Poder es cuando tenemos justificación para matar y no lo hacemos”. Nada comparado con la última tentación de Schindler, una vez acabada la guerra: “Hubiera salvado a diez personas vendiendo este auto”, llega a decir antes de romper a llorar. Todavía escribiéndolo se me ponen los pelos de punta.

No falta, bien es verdad, quien no se cree la historia, quien no concibe a Schindler, a fin de cuentas afiliado al Partido Nazi, llorando porque no pudo salvar a más judíos. No falta, pues, quien critica un final made in Hollywood, un final relativamente feliz alejado de la cruel realidad, el cinismo de Hollywood asomando la cabeza en los minutos finales. Pero no era otra la intención de Spielberg: narrar una gran victoria en el centro de una de las mayores derrotas de la humanidad.

Ganadora de 7 merecidos Oscar, Spielberg nos estremeció con un relato universal, desgarrador, a veces insoportablemente angustioso, una cinta contada a la perfección, una narración compleja e impresionante que rompe al espectador por dentro y que, en cierto modo, guarda en el fondo una visión esperanzadora del ser humano. Pero el legado de esta película va mucho más allá de los premios y las críticas. El mayor logro del gurú de la industria fue poner su fama y su incontestable cine al servicio de una digna labor: recordar a las generaciones futuras las pretéritas barbaries que llevó a cabo el hombre para que no se vuelvan a repetir.

Schindler redacta la célebre lista

El ‘cinéma vérité’ de Arcade Fire

abril 7, 2009 1 comentario

“Between the click of the light and the start of the dream”

No cars go, Arcade Fire

A veces parece que no hay vida más allá de Coldplay, U2 o The Killers. Pero nada más lejos de la realidad: el panorama musical internacional se jacta de contar en su haber con grupos que demuestran que en ocasiones poco es mucho. Baltasar Gracián ya lo avisaba: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Tal es el caso de Arcade Fire, un grupo que ha llegado a lo más alto refugiándose en los valores clásicos del rock & roll.

Los chicos de Montreal, con apenas dos discos y menos de 30 canciones en su discografía, se han convertido en uno de los grupos de pop rock e indie rock más relevantes del planeta. El cantante y guitarrista Win Butler y la cantante, acordeonista y teclista Régine Chassagne componen el alma de Arcade Fire, una numerosa banda cuyos conciertos y discos constituyen auténticos collages emocionales, plenos de música  épica, pasional, a veces dramática, siempre genial.

Todo ello y mucho más se aprecia en ‘Miroir Noir’, un documental de 70 minutos que narra las peripecias de su gira ‘Neon Bible’, el segundo y último trabajo de los canandienses, publicado en 2007. El documental, rodado por ellos mismos, es un monumento al ‘cinéma vérité’ que tanto idolatran; cámara al hombro y adelante. Conciertos apoteósicos, hoteles, ensayos, camerinos… Las bambalinas de los Fire se sustancia en este ‘Espejo Negro’.

El documental se puso a la venta vía Internet en enero y hoy sale en DVD. Pero la mejor noticia para los amantes de los canadienses es que para este año se espera el tercer álbum de estudio de Arcade Fire. Por fin tendremos aquí de vuelta esos instrumentos tan poco frecuentes en una banda de rock, los violines, violonchellos, ukeleles, mandolinas, pianos o xilófonos. Porque hay mucha, muchísima vida más allá de Coldplay y demás.

Extracto de ‘Miroir Noir’

No te mueras nunca

abril 6, 2009 1 comentario

“Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegra haberlos tenido”

Los puentes de Madison, Clint Eastwood

Demasiado guapo y popular como para dirigir una película y, por ende, hacerlo bien. Cultivaste durante años una imagen de tipo duro, de cowboy que mascaba tabaco y repartía mamporros a diestro y siniestro. Tu rostro curtido por el viento de Almería parecía un cuero con ojos, pero nada más lejos de la realidad. Sólo guardabas lo mejor para el final. Puede que tus sueños de juventud no pasaran por estos lares, gracias a dios los caminos del destino te condujeron por aquí para que cumplieras los nuestros. El niño se hizo adulto, sus historias también, el actor asió una cámara y se puso a cumplir sueños colectivos.

Sádico del cine, capaz de atornillarnos a la butaca y partirnos el corazón, duro entre duros, blando entre blandos, maestro entre maestros. Último de los clásicos, tus estrenos están marcados a fuego en el calendario cinematográfico, Meca de los cinéfilos son tus obras, pocas cosas te quedan ya por demostrar. El mayor de tus premios es el aplauso colectivo de cuantos elogiamos tus obras, ésas sí que son el mejor de los regalos para el resto de mortales.

Homenajeaste y desmitificaste el western con un film épico, desgarrador, no tiene perdón quien se la pierda, tampoco lo tuvo Gene Hackman. Inolvidable Will Munny, ese asesino que se convierte en vengador justiciero que no encuentra la redención que otros de tus personajes merecieron y encontraron. No sólo fuiste tú quien que se enamoró sobre los puentes del condado de Madison, qué curioso que el mejor melodrama romántico de los últimos tiempos lo protagonizara el tipo más duro que antaño vio Hollywood, viva el amor, viva el cine.

Algo estaba cambiando, sin duda, y con el paso de los metrajes lo fuimos constatando, dios existía y se dedicaba a dirigir películas. Nos hiciste ver que no hay mundos perfectos, que el camino más corto a veces es el más largo, que a veces las apariencias engañan. Además, nos bebimos a sorbos tu río místico, un torbellino de lágrimas y cine sombrío, una obra cumbre donde la amistad se antepone a la justicia en un final de infarto.

Contigo en estado de gracia llegó la sorpresa, la chica del millón de dólares quería un final digno y tú se lo concediste, paradójico cuanto menos que un libertario como tú nos enseñara la eutanasia como muestra de amor supremo, ahí está tu grandeza entre otras tantas cosas, plena de matices y de lecturas posibles, la realidad es muy ambigua como para verla desde un solo punto de vista. Nos enseñaste también lo descuidada que está la vejez en nuestra sociedad acomodada, que un Gran Torino es mucho más que un coche viejo, que hay vida más allá de la ancianidad, tú eres el ejemplo supremo de ello.

Viajamos a Iwo Yima y pusimos rostros a la guerra, hicimos tantas cosas juntos que no quiero ni pensar que algún día nos dejes, cómo pasa el tiempo, maldita sea, tú tan mayor y el mundo tan insoportablemente joven. Qué será de nosotros sin tus metrajes, huérfanos de viernes inolvidables atornillados a la butaca de una sala de cine. El mundo está necesitado de grandes torinos, de héroes, de cine clásico, de buen cine en definitiva. Bueno, feo, malo, nunca lo tuve del todo claro, genio seguro.

Ojalá el tiempo te diera una tregua, que nos brindaras cien películas más, que disfrutáramos con tus historias lineales, sencillas, sobrias, sin artificios, protagonizadas por personajes atormentados por un pasado oscuro, ojalá lloráramos mil veces más con tus finales tristes, descreídos de mundos perfectos, así es la vida, así hay que mostrarla. Nadie como tú entendió las relaciones sociales, el sentido de las cosas.

Ojalá la inmortalidad hiciera contigo una excepción, aunque sólo fuera durante un largo periodo de tiempo, el tiempo para asimilar la grandeza de tu cine, tal vez la inmortalidad esté en tus películas, resuelta, inconclusa, palpitante, nadie muere mientras se le recuerda. No te mueras nunca, Clint, por mí jamás lo harás.

http://files.ivoox.com/ffmpeg/ffmpegScripts/processed/8/5/5/clint-eastwood-no-te-mueras-nunca66558.mp3″

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Inolvidable reportaje sobre el cine de Eastwood