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Arde Troya, Ítaca aguarda

“Cuando realmente quieres algo, todo el universo conspira para que lo consigas”

El Alquimista, Paulo Coelho

Arde Troya a nuestras espaldas. Hasta aquí llegan, traídas por el viento, sus ascuas mortecinas, el hedor a carne quemada, el fragor de la batalla, el estertor de una ciudad antaño inexpugnable. Todo principio tiene un final, todo final constituye un nuevo principio, el saber popular aglutina en su seno multitud de proverbios que igual nos valdrían para describir tan caótica situación, la experiencia colectiva, los siglos, en ocasiones son los mejores consejeros del hombre. Odiseo observa, desde la lejanía de su barco, cómo la ciudad que durante diez años resistió estoicamente arde como las calderas del Hades, consumiéndose como un árbol en otoño, las espadas en alto contra la carne trémula, la vida, en definitiva, contra la muerte, si acaso entendemos la vida y la muerte como algo separado, más bien al contrario. Suya fue la idea que derribó los muros de Troya, por él están siendo violadas estas mujeres, muertos estos niños. Caballos de madera hubo muchos en la historia, pero ninguno tan célebre ni tan dañino como éste que, en el seno de la ciudadela, se ríe de su triste destino mientras arde a fuego lento, ya ni siquiera tiene fuerzas para un último relincho. En ocasiones la mentira se convierte en la mejor aliada de la victoria, lo único seguro es que la verdad es la primera víctima de la guerra. Odiseo aparta la vista de la ciudad, una ciudad que anoche aún conservaba vestigios de un pasado glorioso y que ahora, carcomida por las llamas, el saqueo y la muerte, más bien se asemeja a un páramo yermo, sin un hálito de vida que le asista. La nave se balancea sobre el mar levemente, el cielo se cubre de nubes amenazadoras, parece que Zeus anda mosqueado con los mirmidones, rayos y centellas hollan el horizonte. Odiseo, con el pelo enmarañado, la barba rala, manda a sus hombres que preparen los aperos y se despidan de Troya, si acaso en diez años no tuvieron tiempo de hacerlo, total, para despedirse de algo primero hay que amarlo y este no es el caso.

Las doce naves que capitanea Odiseo se separan del grueso de la flota, el viento del sudeste les conduce hacia los densos nubarrones, entretanto Odiseo le da vueltas a la cabeza, no, no son los remordimientos los que le acucian, más bien son reflexiones de índole prosaica, Durante diez años bajamos todos los escalones de la indignidad, maldita sea, nuestra es la culpa, nuestro el poder, en fin, todos somos iguales ante el bien y el mal, y qué es el bien y el mal. Calló el pensamiento durante un segundo, justo para dar tiempo a la tormenta a tomar fuelle, no tanto como el pensamiento, que ya volvía pesado e insolente, Por favor, Zeus, no me preguntes qué es el bien y qué el mal, supongo que todos lo sabíamos hace diez años y, en cierto modo, todos lo seguimos sabiendo, a fin de cuentas lo correcto y lo incorrecto no son sino formas distintas de entender nuestra relación con los demás, Todo esto ha sido horrible, la última frase la dijo en voz alta, cuando se dio cuenta miró a su alrededor, sus hombres no le habían oído, gracias al cielo aunque esté encapotado. Odiseo era hombre ducho en palabras, astuto y versátil era su espíritu, por ello era el protegido de la diosa Atenea, si dios existiera debería ser mujer para que este aguacero fuera amortiguado por sus delicados pechos, luego el agua empaparía su pubis celestial. Horrible es poco, no hay palabras en el mundo para describir lo que hemos padecido y hecho padecer, piensa y repiensa, el cerebro le va a explotar, fue duro, horrible, contemplar a Troya declinar, más dura y larga fue aún la espera, las carestías, la barbarie de la guerra, los adjetivos no son más que palabras y las palabras se las lleva este viento huracanado, los adjetivos en definitiva no sirven para nada, son accesorios, si acaso asesino a un hombre, por ejemplo, lo ideal es decirlo así, tal cual, y aguardar que lo brutal del hecho en sí nos dispense de narrar lo terrorífico que fue, O sea, que al lenguaje le sobran palabras, los adjetivos, por ejemplo, No digo eso, tal vez son los sentimientos los que brillan por su ausencia. Odiseo se contradice a sí mismo, su volátil espíritu se balancea al ritmo de la nave, al ritmo de esta tormenta que azota las velas, más nos valdría habernos quedado en tierra, aguardando que escampase, Ni hablar, diez años fueron suficientes.

Ahora es Ítaca la que aguarda. Lejos queda ya Troya, el agua cae a cántaros, se balancea como una cortina a causa del viento y apenas podemos ver la ciudadela en el horizonte, seguro que las llamas que lamían sus torres y pendones se han convertido ya en cenizas, todo cenizas, ascuas, personas, ropajes, guerra en definitiva, muertos sobre muertos, niños, mujeres, ancianos, Hades no hace distinciones, ése no entiende del bien y del mal, sólo pone la barca, tú pagas el peaje. Estamos ciegos, piensa un grumete que, impertérrito, aguanta el chaparrón junto a Odiseo, ciegos que, viendo, no ven más allá de sus narices, ciega toda la humanidad, ciegos todos, a veces las gentes menos versadas son las más sabias que hollan la tierra. Odiseo piensa ya en Penélope, Ojalá todo esté en orden, tal como lo dejé, cómo estará mi hijo Telémaco, qué mayor será. Cuántas Ítacas habrá visto ya el mundo, cuántas estarán por venir, la historia es cíclica como este aguacero que nos empapa hasta el alma. Odiseo tiene prisa, diez años, efectivamente, no son pocos. No sabe que su destino no está allí, sino aquí. Destino, azar, hados, qué más da, cuántos nombres para una misma cosa. Mucho ganará por el camino, muchos años pasarán para que pise de nuevo su casa, viejo retornará a Ítaca. Odiseo, no seas ingenuo, Ítaca no tiene otra cosa que ofrecerte más que este hermoso viaje, no aguardes riquezas ni sueños pretéritos más allá de sus hermosas costas y sus escarpadas montañas. Ruega, pues, que el camino sea largo, pleno de experiencias, algunas de ellas serán malas, tanto da, dicen las gentes que lo que no te mata te hace más fuerte, ojalá sea verdad. Ítaca no te engañará, puede que a tu llegada todo sea distinto, puede que la encuestres pobre, calcinada, puede que los que antaño te amaron sean ahora tan corruptos que, cuando les mires directamente a los ojos, veas su alma podrida. Mas, siendo ya tan viejo, con tanta experiencia en tu haber, sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

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