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Los acordes de Murakami

“Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él”

Haruki Murakami

Se ha convertido en un fenómeno global de nuestro tiempo. Algo contradictorio, pues Haruki Murakami tiene fobia a la exposición pública; en su país, por ejemplo, ni siquiera aparece en radio y televisión. Apenas si concede entrevistas. Abanderado de la cultura pop, posmoderno, misterioso, sobre todo surrealista, Murakami es único. Se trata del gran escritor nipón del nuevo siglo. Su figura es indisoluble de gatos, jazz, béisbol y maratones.

La influencia de Murakami no tiene límites; ha inspirado a escritores y cineastas del mundo entero. Tal es el caso de Sofía Coppola y ‘Lost in Traslation’, Alejandro González Iñárritu y ‘Babel’ o la reciente ‘Map of sounds of Tokyo’ de Isabel Coixet. Sin embargo, el autor de ‘After Dark’ divide a la crítica de su país entre quienes le consideran un clásico de nuestro tiempo y quienes opinan que no es más que un escritor occidentalizado y prefieren a clásicos como Mishima, el gran odiado de Murakami. El mismo autor está dividido con respecto a su patria: “Antes quería ser un escritor expatriado. Pero soy un escritor japonés”.

Puede que en un principio el lector occidental se acerque a su obra pensando que se va a encontrar con un exotismo japonés exacerbado, pero nada más lejos de la realidad. Murakami habla de la vida, las dificultades de afrontar el viaje que lleva de la adolescencia a la madurez, la soledad, la sensación de pérdida, la muerte, el amor, el desamor, el sexo… Pero los temas más recurrentes del autor nipón son la soledad y el amor, revelado éste último en encuentros pasionales con mujeres extrañas, un amor que con frecuencia termina en tragedia.

Murakami empezó a escribir a la tardía edad de 30 años. Al principio escribía por satisfacción personal, para su reducido círculo de amigos, pero con el tiempo ha ido tomando el mundo. A Murakami le encanta correr; empezó a los 33 años para perder peso y al año ya corría la maratón. Ha traducido al japonés a John Irving, Salinger o Scott Fitzgerald; de ahí que sus citas, al margen de lo gastronómico, sean occidentales en su mayoría, a pesar de que sus padres eran profesores de literatura clásica japonesa.

Murakami se lo debe casi todo a la música y a su colección de 7000 vinilos de jazz, clásicos y pop. En sus años mozos regentó un club de jazz e inauguró la tendencia de titular las obras con nombres de canciones: los Beatles, los Beach Boys o Beethoven empedran sus libros. Los más sorprendente de todo es que escribe a ritmo de jazz: “Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él”.

Entre lo mundano y lo fantástico, Murakami nos brinda un realismo mágico a la japonesa que no deja indiferente a nadie, si bien al principio optó por un realismo sin tapujos. Los jóvenes de su país le idolatran, máxime después de ‘Norwegian wood’ (‘Tokio blues’ en España), especie de ‘El guardián entre el centeno’ a la japonesa, aunque Haruki huye de comparaciones y considera la obra un mero experimento.

Amante de los gatos -animal muy recurrente en su obra que aparece generalmente cuando va a suceder algo importante- y de la serie ‘Lost’, el gran escritor japonés del siglo XXI ya suena para el Nobel. Le pese a quien le pese, el autor de ‘Kafka en la orilla’ es ya un clásico contemporáneo cuyos libros son esperados por legiones de seguidores de los cinco continentes que comparten su onírica visión de la vida y de la muerte, el desamor y la soledad.

Murakami y la música

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  1. A.M.Garrido
    abril 20, 2009 en 11:09 am

    Este es un autor que últimamente está sonando mucho. No he leido nada suyo, pero me gustaría. ¿Qué me recomiendas?

  2. alprincipiofueelbalon
    abril 20, 2009 en 6:06 pm

    Supongo que lo ideal es empezar por el principio, y el principio de Murakami está ligado a la mal llamada ‘Tokio Blues’ (título original: ‘Norwegian Wood’). Es la obra más ‘realista’ de Murakami, a veces incluso denostada por su propio autor, un libro que retrata como nadie la soledad de la juventud y el difícil -incluso triste- viaje que nos conduce de la adolescencia a la madurez. Ya te digo, algunos la llaman ‘El guardián entre el centeno’ a la japonesa (todo un elogio, supongo) y en Japón es toda una obra de culto. Sexo, muerte… un cóctel explosivo. A mí me gustó mucho y te la recomiendo encarecidamente. Un saludo 😀

  3. abril 23, 2009 en 3:34 pm

    Para mí, Tokio Blues es una de las mejores obras de autores vivos que jamás he leído. Como curiosidad, “Norwegian Wood” es una canción de los Beatles. Una prueba más de la relación de este escritor con la música.

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