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El poeta del pueblo cumple 100 años

Por las calles voy dejando algo que voy recogiendo: pedazos de vida mía venidos desde muy lejos”

Miguel Hernández

Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910) habría cumplido este sábado 100 años. Aclamado por muchos como el ‘poeta del pueblo’, fue represaliado durante la Guerra Civil por mostrarse partidario de la República.

Desde su encarcelamiento en 1939, Miguel Hernández nunca se cansó de escribir poemas sobre la libertad. Fue trasladado a diversas cárceles de Madrid, Ocaña y Alicante, hasta que una tuberculosis pulmonar le hizo ser trasladado a una prisión de Alicante, donde falleció en marzo de 1942 a la prematura edad de 31 años.

Con motivo del centenario de su nacimiento, quisiera reproducir uno de sus poemas más célebres: la ‘Elegía a Ramón Sijé‘. Pocas veces en el mundo de las letras se ha expresado un dolor tan desgarrador de forma tan bella y abierta. Posteriormente, Serrat puso música a las palabras de un poeta cuya energía quedará siempre como ejemplo de libertad, amor y entrega.

ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández, a 10 de enero de 1936

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