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Metro

La vida es algo más que aumentar la velocidad”

Gandhi

El metro. Obra faraónica, colmena preñada de túneles. La primera vez que bajaste a las entrañas de la Tierra; la primera que se te escapó por los pelos y saludaste los viajeros desde fuera. La vez que te quedaste dormido en el banco, preso de una borrachera a destiempo; ojos cerrados, ojos en blanco.

La espera. Puertas cerradas hasta las seis de la mañana. La dura espera. Botellones de vagón habían precalentado la noche y la ida, que no es poco. Periódicos gratuitos hacen compañía en la vuelta. Libros de bolsillo; lecturas de reojo.

Latas de sardina, Tokio en la otra esquina. Y las axilas. Axilas ajenas y propias. La soledad también; depende de hora y línea. La primera vez que te equivocaste de color, maldito sea el cielo. Viaje al centro de la Tierra, tela de araña. El metro.

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  1. noviembre 5, 2010 en 12:56 am

    Lo que todavía no entiendo es por qué nadie sonríe cuando viaja en metro. La única persona a la que he visto sonreír ha sido un bebé, y porque una niña jugaba distraída a pegarle patadas y eso parecía divertirle.

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