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¿Y si legalizamos el dopaje?

¿Juega Messi dopado por haber tomado una hormona de crecimiento?

‘La ética del dopaje’

¿Puede ser ético el dopaje? ¿Está condenada la lucha contra el dopaje al fracaso? ¿Conculca libertades básicas de los deportistas? ¿Merece el dopaje una reprobación ética y jurídica tan rotunda e incondicional? Resulta que no sólo doctores proscritos como Eufemiano Fuentes defienden posiciones como ésta. Pablo de Lora, profesor de derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, José Luis Martí, profesor de derecho de la Pompeu Fabra, y Félix Ovejero, profesor de economía de la Universidad de Barcelona, abogan por una ‘etica del dopaje’. Algunos de sus argumentos son, cuanto menos, interesantes.

El caso Contador y la Operación Galgo han vuelto a poner a España en el disparadero. Sin embargo, estos profesores apuntan que la noción de dopaje se extiende más allá de la ingestión de sustancias prohibidas, sino que además abarca hechos como el desconocimiento del paradero del deportista o el hallazgo de sustancias que puedan tapar la presencia de fármacos prohibidos. Tampoco se tiene en cuenta si el deportista tomó la sustancia de forma voluntaria o fue engañado para hacerlo. Además, el hecho de que una sustancia sea dopante o no parece, cuanto menos, arbitrario en algunos casos: los profesores argumentan que, según la lista del Consejo Superior de Deportes de 2009, el alcohol es una sutancia dopante en la competición de kárate, y no en la de yudo.

Al margen de estas contrariedades, quienes suscriben el artículo pretenden desmontar las dos razones generalmente aducidas a favor de la prohibición del dopaje. La primera es la protección de la salud de los deportistas. En este punto, estos señores señalan que la excelencia deportiva, en definitiva, no depende sólo de las dotes naturales de los deportistas, sino de cómo cada uno administra y saca partido a lo que tiene y hace frente a sus carencias. ¿No asumen también riesgos los pilotos de Fórmula 1?, se preguntan. ¿Juega Messi dopado por haber tomado una hormona de crecimiento?

La otra razón para prohibir el dopaje es la invocación del “juego limpio“. Aducen en este punto los profesores que el uso de sustancias para mejorar el rendimiento en una actividad humana no es nuevo y no sólo se ciñe al ámbito deportivo. ¿Han hecho “trampas” los abogados que echaron mano de anfetaminas y tranquilizantes para preparar unas oposiciones?, se cuestionan. ¿Hay fair play cuando un árbitro anula un gol legal por fuera de juego? Afirman, pues, que el dopaje puede ensalzar nuestra capacidad de superación mediante la razón y el juicio. Eso no quiere decir, según ellos, que los ciclistas puedan disputar el Tour de Francia con bicicletas eléctricas o que la carrera de 100 metros no deba medir lo mismo para todos.

En definitiva, estos profesores creen que la lucha contra el dopaje “está condenada al fracaso y conculca libertades básicas de los deportistas”. Además, opinan que el COI debería dedicarse a promover la equidad y la igualdad de los atletas a nivel global más que a esa lucha sin cuartel contra el dopaje. Hace unos días, Alberto Contador escribía una carta (“Esto es por lo que se me quiere sancionar”, se titulaba) en la que señalaba que la cantidad de clembuterol detectada no favoreció su rendimiento ni podía haber sido tomada de forma voluntaria, salvo con la ingesta de alimentos. Así pues, el ciclista de Pinto señalaba que “si los avances de la ciencia se encuentran en el año 2011, la norma sigue estancada en los años 60”.

Asimismo, el ex ciclista estadounidense Floyd Landis ha señalado que “hay que legalizar el dopaje”, ya que es una cosa común y que como “no se puede parar”, hay que tratarlo de manera “razonable”. Tal vez a Marco Pantani también le parecía algo razonable. Quizá también al ‘Chava’ Jiménez y a Jesús Manzano. Creo que justificar el dopaje, después de tantas y tantas muertes injustificadas, después de tantas ilusiones frustradas, es una barbaridad.

Puede que los recursos económicos no sean repartidos equitativamente a nivel mundial; puede que unos deportes estén más perseguidos que otros, tal y como realmente sucede, y puede, en definitiva, que la norma antidopaje tenga más errores que aciertos. Ahora bien, legalizar el dopaje en cualquiera de sus formas supondría abrir la puerta a un deporte de superhombres, sí, pero a un deporte, en definitiva, que promocionaría el consumo de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo y, a la larga, socavaría la salud de los deportistas.

Hoy en día la ciencia detecta cantidades tan pequeñas de algunos fármacos que ni siquiera favorecerían el rendimiento físico; tal es el caso de Contador. Puede hasta que el ciclista de Pinto esté en lo cierto y la norma esté estancado en algunos casos. Aun así, la lucha antidopaje siempre irá detrás del delincuente, nunca por delante. Sin embargo, eso no quiere decir que el COI tenga que dar la batalla por perdida y, por el contrario, dé pábulo a un deporte de pastillas, jeringuillas y autotransfusiones.

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