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‘Medianoche en París’ – La nostalgia según Allen

Cuando miras atrás, nunca te acuerdas de lo negativo. No te paras a pensar que en la belle époque las mujeres morían en el parto y no había novocaína cuando ibas al dentista”

Woody Allen


Woody Allen venía dando bandazos europeos, así que cuando anunció su próximo trabajo más de uno se echó las manos a la cabeza. Sinceramente, muchos esperábamos una revisión condescendiente de ‘Vicky Cristina Barcelona’ con acordeón en lugar de guitarra española. Y Carla Bruni, Owen Wilson… En fin, otra bacalá de Allen. Pero no. Resulta que ‘Medianoche en París’ es de largo su película más redonda desde ‘Match point’. Recomendación: si no sabes nada sobre el argumento, mejor que dejes de leer y te pases primero por el cine.

Desde la ignorancia entenderemos mejor la estupefacción de Owen Wilson en su viaje al pasado. El actor interpreta a un novelista frustrado que, durante unas vacaciones en París, visita cada medianoche la ciudad cosmopolita que en los años veinte dio cobijo a sus ídolos literarios y artísticos. ¿Cómo viaja en el tiempo? Pues montando en coche. ¿Qué hace con ellos? Pues irse de fiesta, enoramorarse… Vamos, lo que uno suele hacer con Scott Fitzgerald, Hemingway o Picasso.

A la media hora de metraje, cuando todo parece indicar que estamos ante una medianoche intrascendente en París, el genio de Allen se desata para montar uno de sus engranajes más originales en años. El recurso es semejante a las entradas y salidas de la pantalla en ‘La rosa púrpura del Cairo’ (1985), una de las mejores cintas del director neoyorkino. De hecho, muchas de las grandes películas de Allen parten de una idea tan fantástica como absurda en apariencia.

Podríamos definir ‘Medianoche en París’ como una comedia romántica. Allen divaga sobre el amor a su manera, a través de un paseo bajo la lluvia. Pero, por encima de todo lo demás, lo último de Woody es una sucesión de chistes brillantes, algunos de los cuales pasan a formar parte sus mejores gags por derecho propio. Destacar por supuesto las presencias de Hemingway (“¿alguien quiere darse de hostias conmigo?”), Dalí (“¡ri-no-ce-ron-tes!”) o el gag de Luis Buñuel y el guiño a ‘El ángel exterminador’.

Para el final dejamos la moraleja, una diatriba sobre la nostalgia. Las reflexiones de Woody Allen suelen ser tan simples como la ejecución de su último artefacto: visionario de puro sencillo, clásico y al tiempo novedoso. Es humano creer que cualquier tiempo pasado fue mejor porque la vida es realista, dolorosa y, sin embargo, demasiado corta. No falta quien mantiene a capa y espada que cualquier tiempo pasado fue mejor; los mismos que, en palabras del maestro neoyornkino, no tienen en cuenta que ahora “tenemos aire acondicionado”.

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